Culpa materna: cómo aprendí a no exigirme tanto
Desde el momento en que te convertes en mamá, nace un amor inmenso... pero también una culpa silenciosa, que se va colando en cada rincón de tu día. A veces ni te das cuenta de que está ahí, pero te acompaña. Yo la conozco bien. La he sentido muchas veces y en distintas formas.
Culpa por no jugar lo suficiente.
Culpa por dejar llorar a mi hija un ratito mientras me bañaba. (paso muchas veces)
Culpa por mirar el celular.
Culpa por estar cansada.
Culpa por necesitar un respiro y simplemente dormir.
Culpa por trabajar en mis cosas.
Durante mucho tiempo me exigí al máximo pensando que eso era lo correcto. Que una "buena madre" debía estar disponible 100% del tiempo, tener siempre paciencia, energía, creatividad, y una sonrisa lista aunque no durmiera bien hace días. Pase casi 6 meses con privacion de sueño porque mi hija no le gustaba dormir y aun es resistente para dormir, Pero lo que nadie me dijo (o lo que me costó aceptar) es que la maternidad real también necesita humanidad, límites, y descanso.
✨ Entender de dónde viene la culpa
Un día me pregunté: “¿Por qué me siento así todo el tiempo?” Y la respuesta fue clara: me estaba comparando con una versión idealizada y romantizada de madre que solo existe en redes sociales, películas o en frases que escuchamos desde siempre. Esa mamá perfecta que cocina sano todos los días, nunca se enoja, está 100% presente, y que además tiene la casa limpia y todo bajo control. Spoiler: no existe. Queria siempre tener mi casa ordenada...
1. Bajar mis propias expectativas
No puedo hacer todo todos los días. Y eso está bien. Empecé a aceptar que hay días buenos y días difíciles. Algunos días soy la mamá más divertida del mundo, y otros solo quiero 10 minutos de silencio (falta paciencia). Lo importante es que mi hija sepa que estoy ahí, la amo, y hago lo mejor que puedo cada día. No voy a negar que, es desafiadorr sobre todo si tienes que trabajar fuera y estudiar.
2. Rodearme de contenido y personas reales
Dejé de seguir cuentas que solo muestran la maternidad “perfecta”. Me conecté con otras mamás reales, que muestran el caos y la ternura, el cansancio y la risa. Eso me ayudó muchísimo a sentirme menos sola y menos “mala madre”.
3. Recordar que también soy una persona
No soy solo mamá. También soy mujer, persona, tengo sueños, metas, palnes, viajes que quiero hacer, necesidades, emociones. Si yo me olvido de mí, nadie lo va a hacer por mí. Descubrí que cuidar de mí no me hace menos madre, sino una madre más fuerte y presente. Esto es muy importante porque si solo nos concentramos en ser madre y los hijos crecen pueder surgir el sindrome del nido vacio.
4. Dar lugar a mis emociones sin culpa
Sí, a veces lloro. A veces estoy irritada. A veces grito. Y después me siento mal por eso. Pero aprendí que soy humana, no un robot. Empecé a hablar conmigo como le hablaría a una amiga: con amor, con paciencia. Empecé a perdonarme más.
5. Celebrar mis logros, por pequeños que sean
Si logré que comiera, durmiera, y se sintiera amada… eso ya es un día ganado. Si además pude grabar un video, escribir un blog, o ducharme tranquila… ¡es un milagro! Celebrar esas cosas me da fuerza para seguir.
Hoy la culpa todavía aparece, de vez en cuando. Pero ya no la dejo gobernarme. La miro, la reconozco, y la dejo ir. Es solo un sentimiento que debo sentir, pero centrarme en el.Porque sé que mi hija no necesita una madre perfecta. Me necesita a mí. Real, amorosa, presente, y también imperfecta.
Si estás sintiendo culpa ahora mismo, te abrazo. No estás sola. No tenés que hacerlo todo. Estás haciendo lo mejor que puedes, y eso es más que suficiente.
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fuentes de imagenes: pexels



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