Crianza real vs. crianza perfecta: lo que aprendí
Antes de convertirme en mamá, tenía una idea en la cabeza de cómo sería criar a mi hija. Imaginaba todo en orden, rutinas claras, cero pantallas, juegos educativos todo el día, comida casera siempre, mucha paciencia y una sonrisa constante. En mi cabeza, yo iba a ser esa mamá "ideal" que todo lo hace bien, que nunca grita, que todo lo puede.
Pero después nació Kata. A pesar de kata ser mi segunda hija paso muchisimos años para ella nacer, y si me senti como madre primeriza.y mi mundo cambio en un 360 completo.
Y ahí, me encontré con un hijo real.
Un hijo que no se parece a lo que ves en Instagram. Un hijo con días buenos y otros agotadores de esos que nunca parecen terminar. Un hijo donde muchas veces sientes que no estás a la altura, pero igual sigues adelante. Porque tu hija te necesita, y porque la amás más que a nada en el mundo. Aunque estés rota por dentro y entera o casi entera por fuera.
Hoy quiero contarte qué aprendí al soltar la idea de perfección y abrazar lo verdadero.
Lo perfecto no existe (y no hace falta que exista)
En la crianza perfecta, todo es ordenado, predecible, hermoso. Pero en la vida real, los niños lloran, se ensucian, no comen lo que cocinaste, hacen berrinches, se despiertan en la noche. Y tu también estás cansada, tienes tus días, tus emociones, tus límites.
Y eso no significa que estés fallando. Significa que eres humana. Que estás criando desde lo que tienes y puedes dar. Y eso, en sí mismo, es valioso.
Lo que realmente importa es el vínculo
A veces me he sentido mal porque no hice una actividad educativa ese día. O porque vimos un dibujito más de lo recomendado. O porque le grité. Pero después la miro, y veo cómo me abraza, cómo me busca, cómo confía en mí… y entiendo que lo que más necesita es sentirse amada y segura. aunque eso significa cargarla infinitas veces porque ella me lo pide.
Ese vínculo, esa conexión entre mamá e hija, vale más que cualquier plan perfecto de redes sociales o de la crecion que dicen ser la mejor.
Aceptar el caos sin culpa
Los niños reales tienen mucho de improvisación. Nada sale exactamente como lo planeás. Y cuanto más lo quieres controlar todo, más frustrante se vuelve. Y PIENSAS QUE CAOS.
Aprendí a soltar el control y a fluir más. A entender que hay días caóticos donde nada parece funcionar, y está bien. No tengo que salvar el día todos los días. Solo tengo que estar presente, disponible y abierta a aprender.
Las redes muestran momentos, no realidades
Lo que vemos en redes es una fracción mínima de la vida de alguien. Una foto con buena luz, un video donde el niño ríe, una mamá con paciencia infinita… pero no vemos lo que pasó antes o después. yO, QUERIA VER LOS BASTIDORES.
Me di cuenta de que compararme con esas imágenes me hacía daño. Por eso hoy elijo seguir a personas reales y verdaderas, que muestran su maternidad sin filtros. Y también trato de ser una de esas voces reales para otras mamás que puedan sentirse como yo me sentí.
No soy perfecta, pero soy suficiente
¿Me equivoco? Sí.
¿A veces me frustro? También. Mas de lo que debo.
¿Me esfuerzo todos los días por ser una buena mamá? Siempre.
Y eso me basta. Porque aprendí que los hijos reales no se trata de hacerlo todo perfecto, sino de hacerlo con amor y conciencia. De pedir perdón cuando te equivocás. De abrazar cuando tu hijo lo necesita. De cuidarte para poder cuidar. Eso significar dejar 1 hora para un masaje relajante o cualquier actividad que sea de nuestro autocuidado.
Hoy elijo ser una mamá real y verdadera. Una que a veces se cae, pero se levanta. Que a veces llora, pero también ríe con fuerza. Que a veces grita, pero también sabe abrazar y pedir perdón.
Y en esa elección, encontré paz. Porque sé que lo real, aunque desordenado, también es hermoso.
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