Lo que aprendí al grabar a mi hija durante 4 años
Cuando empecé a grabar a mi hija, no tenía un plan claro de convertirlo en contenido. Solo quería guardar recuerdos para mostrarlos en algun momento de su vida. Cada risa, cada mamila, cada comida, sus primeros pasos, esos momentos que creía que iba a olvidar si no los capturaba. Pero lo que no sabía era que grabarla durante estos años me iba a enseñar tantas cosas, no solo sobre ella, sino también sobre mí, sobre la vida, sobre cómo mirar.
Hoy, después de 4 años acompañándola con la cámara (y sobre todo, con el corazón), quiero contarte qué me dejó esta experiencia.
1. Los momentos simples son los más valiosos
Al principio buscaba grabar “momentos especiales”: paseos, cosas grandes. Pero con el tiempo, me di cuenta de que lo más lindo estaba en lo cotidiano.
Una risa mientras jugaba, una mirada cuando me decía “mamá”, cómo se ponía sus zapatos sola, o aquel dia que no queria ir al kinder garden por que decia que queria dormir o el momento en que se manchaba toda comiendo.
Esos detalles simples, que en el día a día parecen insignificantes, son los que más emocionan cuando los vuelves a ver.
2. Aprendí a estar más presente
Paradójicamente, grabarla me hizo mirar más y mejor. No con la cámara, sino con el corazón.
Cuando sabés que ese momento no se va a repetir, lo empezás a valorar de verdad. Y aunque tenga cientos de videos guardados, lo que más atesoro es haber estado realmente ahí: viéndola crecer, sin distracciones, en carne viva fuera del lente de la camara, porque grabando tecnicamente no disfrutas del tiempo presente solo despues cuando ves el video.
3. Ella también me mostró su mundo
Al grabarla, muchas veces dejé que ella me guiara. Qué quería mostrar, cómo quería hablar, qué juegos le interesaban. Eso me enseñó a conocerla más allá de lo obvio, a respetar su personalidad y a no imponerle mi visión. O sea dejar que, fuese el video real y no el video perfecto hecho por un adulto.
Mi hija tiene su propio ritmo, sus propias ideas, y darle espacio para expresarse a su manera fue un gran aprendizaje para mí como madre y como persona.
4. El contenido tiene alma cuando es auténtico
Cuando empecé a compartir algunos videos, pensé: “¿Quién va a ver esto?”. Pero descubrí que otras familias se conectaban justamente porque era real. Sin filtros, sin perfección, solo una mamá y su hija viviendo, creciendo, equivocándose y amándose.
Eso me enseñó que no necesito crear “contenido viral”, solo ser auténtica, compartir con amor y desde la verdad. y si el viralizar sera buenisimo, pero ya no es el motivo principal para subir videos. recibo algunos comentarios tan lindos que ya es suficiente para mi.
5. Construimos recuerdos juntas
Algo mágico pasa cuando grabás a tu hijo: no solo estás registrando su vida, estás construyendo recuerdos en conjunto.
Hoy, cuando ella ve los videos de cuando era más chiquita, se ríe, me pregunta cosas como esa soy yo cuando era bebe, se emociona. Es como si volviera a vivir todo, pero con más conciencia.
Y yo también. Revivir esos momentos me da fuerzas los días difíciles y en los momento que pierdes el rumbo y te cuestionas porque haces todo.
6. También aprendí a soltar la cámara a veces
No todo tiene que ser grabado. Hubo momentos que decidí guardar solo en la mente y en el corazón. Porque aprendí que no siempre hay que capturar… a veces solo hay que vivirlo completamente, sin el lente de la camara de por medio.
Para no me convertir en la paparazzi de mi propia vida (nadie les gusta ser visto atraves, del lente o flash el tiempo todo
Y eso también es parte de crecer como madre: elegir cuándo mirar desde la lente y cuándo mirar con el alma.
Grabarla fue un regalo para las dos
Hoy miro esos cientos de videos como si fueran pequeñas cápsulas del tiempo. Algunas veces lloro, otras me río, otras simplemente me quedo en silencio viendo cuánto ha crecido y pensando en las situaciones que sucedian y que simplemente no eran el fin del mundo.
Grabar a mi hija fue un regalo para ella, para mí, y quizás para muchas otras personas que también se ven reflejadas en nuestra historia o simplemente mostrar el orgullo de mama.
Porque al final del día, no se trata de hacer contenido, sino de dejar buenas huellas.
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